| Lo barato sale caro |
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Y es que los negocios no pueden analizarse con la típica regla del costo – beneficio en el corto plazo, pues el mercado es cambiante y requiere una visión de largo plazo para sobrevivir en el presente. En la línea de pinturas de tráfico, es común la contratación con los gobiernos nacionales, regionales o municipales que son quienes construyen la infraestructura pública. Aquí los formuladores tienen como clientes a los aplicadores quienes muy frecuentemente eligen el producto buscando el precio más barato. Esa falta de planeamiento en las compras de los aplicadores, por el afán de entregar una obra pública, ha dado lugar a la aplicación de pinturas de tráfico de no muy buena calidad que deben ser repintadas muy pronto. Así se pone en peligro la vida, por ejemplo, de quienes transitan por una vía pues no ven con claridad las propiedades reflectivas de una pintura. A lo anterior hay que sumarle la falta de capacitación de quienes aplican la pintura, lo que afecta el rendimiento de la misma y su desempeño a futuro. ¿Porqué no invetir en la capacitación de una cuadrilla de aplicadores para que ellos sepan qué tipo de tecnología usar, cuáles deben ser las condiciones óptimas del sustrato y cómo ahorrar pintura? Esto a la larga, permite que el proceso de aplicación sea más efectivo y barato pues no da lugar a repintadas tempranas ni a reclamos del contratante. Quienes entienden el ciclo de vida de este nicho de mercado de las pinturas de tráfico, saben que aquí la apuesta por rentabilidad es de volumen y a largo plazo fidelizando clientes, brindándoles productos complementarios y ofreciendo atractivos paquetes de descuentos. Aquí la apuesta debe ser por aplicar pinturas un poco más costosas y con un mejor desempeño que a la larga resultan más baratas. El mercadeo dice que hay que construir clientes de largo plazo, no de un ratico.
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