Para garantizar que los recursos y tiempos en un proyecto de aplicación responden a las necesidades de calidad de un contratista, es necesario que la obra cuente con un interventor. Él se encargará de encontrar el equilibrio entre las partes, para tener el proyecto en el tiempo deseado, con los recursos disponibles y la mejor calidad posible.
por: Vanesa Restrepo
La ejecución de proyectos de aplicación de pinturas y recubrimientos conlleva una serie de procesos adicionales a la elección del tipo de pintura a utilizar, el pretratamiento necesario y los equipos para llevarlo a cabo.
El asunto, entonces, pasa por una serie de procedimientos técnicos y administrativos que garanticen que se tendrá una aplicación en un tiempo determinado, con unos costos definidos, personal debidamente capacitado, equipos en buen estado, medidas de seguridad adecuadas y productos diseñados y aplicados a la medida de las exigencias del contratista.
Aquí aparece entonces uno de los protagonistas de cualquier obra: el interventor. Amado por unos, odiado por otros, sobre este personal recae la responsabilidad de hacer una entrega a tiempo y en óptimas condiciones y, en caso de que esto no se produzca, encontrar a los responsables y mediar en los procesos ante las aseguradoras y entre los contratistas y ejecutores del proyecto.
Con tantas responsabilidades es de esperarse que el perfil de un interventor sea bastante exigente: debe conocer de seguridad, equipos, sistemas de medición, funcionamiento de todos los sistemas de pintura, además de tener habilidades administrativas, manejo de personal, control, disciplina y una impecable organización en sus documentos y asuntos pendientes
El buen interventor
La interventoría se define como el proceso de supervisión y control que se debe realizar al aplicador del recubrimiento, con base en las funciones y competencias definidas en la relación contractual establecida con quien contrata sus servicios, ello con el fin de verificar, durante la ejecución, el cumplimiento de las obligaciones, el uso de los equipos y la calidad de los recubrimientos. Así lo aseguró el Ingeniero Henry Lizcano, de la Universidad Industrial de Santander, de Colombia, durante la jornada de apertura del curso Interventoría en la Aplicación de Recubrimientos, impartida por la Asociación Colombiana de Corrosión, Ascor, y la Universidad Industrial de Santander, en la ciudad de Barrancabermeja, al occidente de Colombia.
Lizcano definió un perfil profesional para las personas que ejercen esta labor, comenzando por las cualidades éticas, de modo que pueda asumir sus funciones con responsabilidad. A esto se agrega habilidades en el liderazgo, objetividad, capacidad de decisión, integridad e imparcialidad.
En lo que se refiere a la formación, un buen interventor deberá estar capacitado y certificado en el conocimiento del control de corrosión, recubrimientos, tipos de limpieza de superficie, sistemas de aplicación de recubrimientos, equipos de aplicación, métodos de control e inspección y criterios de aceptación o rechazo.
A todo ello se suma un conocimiento detallado de la normatividad nacional e internacional vigente en la aplicación de recubrimientos, experiencia certificada en el control de corrosión y aplicación de recubrimientos, además de demostrar que su formación y actualización en todos estos temas es constante y vigente.
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| Interventoría en la aplicación de recubrimientos |
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Para garantizar que los recursos y tiempos en un proyecto de aplicación responden a las necesidades de calidad de un contratista, es necesario que la obra cuente con un interventor. Él se encargará de encontrar el equilibrio entre las partes, para tener el proyecto en el tiempo deseado, con los recursos disponibles y la mejor calidad posible.por: Vanesa Restrepo
La ejecución de proyectos de aplicación de pinturas y recubrimientos conlleva una serie de procesos adicionales a la elección del tipo de pintura a utilizar, el pretratamiento necesario y los equipos para llevarlo a cabo.
El asunto, entonces, pasa por una serie de procedimientos técnicos y administrativos que garanticen que se tendrá una aplicación en un tiempo determinado, con unos costos definidos, personal debidamente capacitado, equipos en buen estado, medidas de seguridad adecuadas y productos diseñados y aplicados a la medida de las exigencias del contratista.
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Aquí aparece entonces uno de los protagonistas de cualquier obra: el interventor. Amado por unos, odiado por otros, sobre este personal recae la responsabilidad de hacer una entrega a tiempo y en óptimas condiciones y, en caso de que esto no se produzca, encontrar a los responsables y mediar en los procesos ante las aseguradoras y entre los contratistas y ejecutores del proyecto.
Con tantas responsabilidades es de esperarse que el perfil de un interventor sea bastante exigente: debe conocer de seguridad, equipos, sistemas de medición, funcionamiento de todos los sistemas de pintura, además de tener habilidades administrativas, manejo de personal, control, disciplina y una impecable organización en sus documentos y asuntos pendientes
El buen interventor
La interventoría se define como el proceso de supervisión y control que se debe realizar al aplicador del recubrimiento, con base en las funciones y competencias definidas en la relación contractual establecida con quien contrata sus servicios, ello con el fin de verificar, durante la ejecución, el cumplimiento de las obligaciones, el uso de los equipos y la calidad de los recubrimientos. Así lo aseguró el Ingeniero Henry Lizcano, de la Universidad Industrial de Santander, de Colombia, durante la jornada de apertura del curso Interventoría en la Aplicación de Recubrimientos, impartida por la Asociación Colombiana de Corrosión, Ascor, y la Universidad Industrial de Santander, en la ciudad de Barrancabermeja, al occidente de Colombia.
Lizcano definió un perfil profesional para las personas que ejercen esta labor, comenzando por las cualidades éticas, de modo que pueda asumir sus funciones con responsabilidad. A esto se agrega habilidades en el liderazgo, objetividad, capacidad de decisión, integridad e imparcialidad.
En lo que se refiere a la formación, un buen interventor deberá estar capacitado y certificado en el conocimiento del control de corrosión, recubrimientos, tipos de limpieza de superficie, sistemas de aplicación de recubrimientos, equipos de aplicación, métodos de control e inspección y criterios de aceptación o rechazo.
A todo ello se suma un conocimiento detallado de la normatividad nacional e internacional vigente en la aplicación de recubrimientos, experiencia certificada en el control de corrosión y aplicación de recubrimientos, además de demostrar que su formación y actualización en todos estos temas es constante y vigente.
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