Las regulaciones impuestas en algunos países de Latinoamérica han ayudado a que disminuyan las cantidades de plomo utilizadas en la industria de pinturas, con la consecuente caída en las importaciones. Pero las normas aún no han sido adoptadas en toda la región.
Por: Vanesa Restrepo
Durante muchos años la industria de pinturas y recubrimientos utilizó diferentes pigmentos y sustratos minerales con el fin de prevenir la corrosión y el desgaste de otras superficies. En los usos marinos y de mantenimiento industrial uno de los más exitosos fue el minio de plomo, también conocido como tetróxido de plomo, plomo rojo y azarcón, cuya eficiencia pocas veces fue cuestionada hasta que se descubrió su alto grado de toxicidad. Esta fue la razón que llevó a la regulación de su uso en Europa y los Estados Unidos, donde se expidieron legislaciones que limitaban el contenido de partes por millón de plomo en los recubrimientos.
El cambio de tecnologías por otras más amigables con el medio ambiente se llevó a cabo de forma paulatina hasta que, hace un año, una de las principales compañías de juguetes, Mattel, se vio enfrentada a problemas legales por cuenta del plomo presente en los recubrimientos que protegían algunos de sus productos.
Fue entonces cuando el tema tomó más relevancia pública y muchos de los gobiernos latinoamericanos decidieron darle más fuerza a los proyectos vinculados con el control de la presencia de minerales y metales contaminantes en las pinturas. Sin embargo, y aunque a que se conocen de sobra los efectos nocivos sobre la salud y el ambiente, países como Colombia, Perú, Costa Rica, Ecuador, Panamá y algunos otros de Centroamérica y El Caribe siguen teniendo políticas bastante laxas al respecto, lo que un margen de acción bastante amplio para los comerciantes y fabricantes que aún no adoptan programas de responsabilidad ambiental.
Los inicios
En 1993 México tomó la iniciativa y creó la Norma NOM-004-SSA1-1993 a través de la cual estableció las limitaciones y requisitos sanitarios para el uso de monóxido de plomo (litargirio), oxido rojo de plomo (minio) y del carbonato básico de plomo (albayalde). Las restricciones de la norma no fueron tan duras, pero sí se marcó una pauta en materia de regulación a la producción y uso de óxidos de plomo en la industria.
El documento estableció que "el óxido rojo de plomo podrá utilizarse como pigmento anticorrosivo en pinturas y recubrimientos para mantenimiento de barcos, plataformas, y en general de objetos que estén en contacto constante con agua de mar, así como para el recubrimiento de estructuras, puestos e instalaciones en general, que estén expuestos a un ambiente agresivo de corrosión” y prohibió el uso de monóxido de plomo y el carbonato básico de plomo en la composición de pinturas o tintas que puedan estar en contacto con el público en general, y específicamente con los niños.
En agosto del 2004 la norma fue modificada, prohibiendo usar el carbonato básico de plomo como pigmento blanco para pinturas, comercializar óxido de plomo, monóxido de plomo y el carbonato básico de plomo para usos en artículos escolares, muebles, cosméticos, tintas y juguetes, pero se mantuvo el permiso para usar el minio en pinturas marinas y de estructuras industriales en contacto constante con el mar.
Producto de esas regulaciones, las importaciones de óxidos de plomo, minio y minio anaranjado bajaron de 4.000 toneladas anuales en 2007 a 694 en 2008, lo que equivale a -17,3%. En 2007 se registró un incremento de 77 toneladas durante todo el año, sumando importaciones por US$2,6 millones, según el portal especializado The Datamyne. Los óxidos de plomo importados hacia México provienen de México (45%), Perú (23%), Sudáfrica (14%) y España (11%).
Esta cifra es alta si se considera que el país “manito” es el quinto productor mundial de plomo, con 3,6% de la producción global, de acuerdo con el World Metal Statistics Yearbook 2008. Así las cosas, podría preverse que el consumo total es mayor (sumando las importaciones con el consumo en el mercado interno), pero aún no existen cifras consolidadas al respecto.
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Las regulaciones impuestas en algunos países de Latinoamérica han ayudado a que disminuyan las cantidades de plomo utilizadas en la industria de pinturas, con la consecuente caída en las importaciones. Pero las normas aún no han sido adoptadas en toda la región. Por: Vanesa Restrepo
Durante muchos años la industria de pinturas y recubrimientos utilizó diferentes pigmentos y sustratos minerales con el fin de prevenir la corrosión y el desgaste de otras superficies. En los usos marinos y de mantenimiento industrial uno de los más exitosos fue el minio de plomo, también conocido como tetróxido de plomo, plomo rojo y azarcón, cuya eficiencia pocas veces fue cuestionada hasta que se descubrió su alto grado de toxicidad. Esta fue la razón que llevó a la regulación de su uso en Europa y los Estados Unidos, donde se expidieron legislaciones que limitaban el contenido de partes por millón de plomo en los recubrimientos.
El cambio de tecnologías por otras más amigables con el medio ambiente se llevó a cabo de forma paulatina hasta que, hace un año, una de las principales compañías de juguetes, Mattel, se vio enfrentada a problemas legales por cuenta del plomo presente en los recubrimientos que protegían algunos de sus productos.
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Fue entonces cuando el tema tomó más relevancia pública y muchos de los gobiernos latinoamericanos decidieron darle más fuerza a los proyectos vinculados con el control de la presencia de minerales y metales contaminantes en las pinturas. Sin embargo, y aunque a que se conocen de sobra los efectos nocivos sobre la salud y el ambiente, países como Colombia, Perú, Costa Rica, Ecuador, Panamá y algunos otros de Centroamérica y El Caribe siguen teniendo políticas bastante laxas al respecto, lo que un margen de acción bastante amplio para los comerciantes y fabricantes que aún no adoptan programas de responsabilidad ambiental.
Los inicios
En 1993 México tomó la iniciativa y creó la Norma NOM-004-SSA1-1993 a través de la cual estableció las limitaciones y requisitos sanitarios para el uso de monóxido de plomo (litargirio), oxido rojo de plomo (minio) y del carbonato básico de plomo (albayalde). Las restricciones de la norma no fueron tan duras, pero sí se marcó una pauta en materia de regulación a la producción y uso de óxidos de plomo en la industria.
El documento estableció que "el óxido rojo de plomo podrá utilizarse como pigmento anticorrosivo en pinturas y recubrimientos para mantenimiento de barcos, plataformas, y en general de objetos que estén en contacto constante con agua de mar, así como para el recubrimiento de estructuras, puestos e instalaciones en general, que estén expuestos a un ambiente agresivo de corrosión” y prohibió el uso de monóxido de plomo y el carbonato básico de plomo en la composición de pinturas o tintas que puedan estar en contacto con el público en general, y específicamente con los niños.
En agosto del 2004 la norma fue modificada, prohibiendo usar el carbonato básico de plomo como pigmento blanco para pinturas, comercializar óxido de plomo, monóxido de plomo y el carbonato básico de plomo para usos en artículos escolares, muebles, cosméticos, tintas y juguetes, pero se mantuvo el permiso para usar el minio en pinturas marinas y de estructuras industriales en contacto constante con el mar.
Producto de esas regulaciones, las importaciones de óxidos de plomo, minio y minio anaranjado bajaron de 4.000 toneladas anuales en 2007 a 694 en 2008, lo que equivale a -17,3%. En 2007 se registró un incremento de 77 toneladas durante todo el año, sumando importaciones por US$2,6 millones, según el portal especializado The Datamyne. Los óxidos de plomo importados hacia México provienen de México (45%), Perú (23%), Sudáfrica (14%) y España (11%).
Esta cifra es alta si se considera que el país “manito” es el quinto productor mundial de plomo, con 3,6% de la producción global, de acuerdo con el World Metal Statistics Yearbook 2008. Así las cosas, podría preverse que el consumo total es mayor (sumando las importaciones con el consumo en el mercado interno), pero aún no existen cifras consolidadas al respecto.
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